Tan cerca y tan lejos
  | 9 ☆ |

Jamás pensé que volvería a verte, pero me equivocaba. Ahí estabas, a escasos metros de mí, con esa sonrisa picaresca que tanto me gustaba y esos ojos color miel de brujo. Sentado en el vagón del tren, cabizbajo, escuchabas música para no caer en el aburrimiento, ignorabas mi presencia... Yo, apoyada sobre una de las paredes del vagón contiguo, me conformaba con observarte desde lejos, a escondidas. Continuabas siendo ese chiquillo con aires de chulería al que tanto quise tiempo atrás. Al que tal vez aún sigo queriendo.

En más de una ocasión pensé en acercarme a saludar, pero siempre que me disponía a hacerlo, el miedo a ser rechazada, la cobardía o la simple timidez, me hacían bajar la mirada y quedarme clavada en ese punto, con las manos sudorosas y el corazón revolucionado.

El destino quiso que nos encontráramos de nuevo y yo opté por huir de él… y de ti. Culpa mía por ser cobarde, o tuya por no mirar. Quien sabe. Lo que sí sé es que oportunidades como éstas no hay que dejarlas pasar, y yo, presa del pánico, lo hice.

Seguramente ni me viste bajar del tren. Yo te dije adiós, en silencio.


Escrito por Kira ღ  
(Un 20.10.12)


No tengas miedo
  | 14 ☆ |

- No tengas miedo Ben, todo saldrá... bien. 
- No sufra por mí, madre, soy fuerte. Y lo seré cuando llegue la hora.

Las manos sudorosas de hijo y madre se agarraron como nunca antes habían hecho, con una fuerza que ambos desconocían tener. Ella luchaba por no borrar la sonrisa de su rostro, mientras él trataba de mostrarse firme, sin temblor alguno en su cuerpo. Fallidos resultaron, no obstante, los intentos de ambos por ocultar el miedo que sentían; las lágrimas que desfilaban por sus rostros y el terror de sus miradas les delataban.

Fuera de casa, los gritos de personas suplicando clemencia se perdían entre el ruido de las ametralladoras y la explosión de las bombas. La nieve que cubría los campos se había teñido de un rojo violeta y la corriente del río que acostumbraba a transportar agua, barro y piedras, ahora también arrastraba cadáveres. Disparo a disparo, persona a persona decía adiós para siempre a sus seres queridos, a su derecho a vivir, a la vida. Muertes en vano que en ningún caso causaban alegría, solo dolor.

Pasos cada vez más cercanos a la casa comenzaron a escucharse dentro. Una fuerte patada derribó la puerta a la primera, partiendo la frágil madera en dos. Militares con las armas por delante entraron en la casa dando gritos y ordenando a sus ocupantes no moverse. Ben miró a su madre lleno de espanto. Ella le devolvió la mirada más tierna que pudo. Despegaron sus labios temblorosos y antes de pronunciar palabra, se dieron el que sería su último beso. 

-No me suelte la mano, madre. 
-No temas hijo, no lo haré. Sólo cierra los ojos. Quedaremos dormidos juntos como tantas veces cuando eras más pequeño.

Abrazados quedaron, sintiendo en su piel los escalofríos del otro. Con los ojos cerrados e inmóviles, sin oponer resistencia, se limitaron a esperar. Dos disparos certeros atravesaron finalmente sus cuerpos, que no tardaron en ser derribados y caer. Mano con mano, quedaron tendidos en el suelo helado. La sangre corría por sus cuerpos; sus lágrimas ya se habían secado.

Nada se ganó ese día, pero fue tanto lo que se perdió… vidas de madres que no deseaban más que ver crecer a sus hijos, y de hijos que no deseaban más que vivir. 



Vidas de inocentes arrancadas injustamente por el poder, la ira y el orgullo de otros.

Escrito por Kira ღ  
(Un 23.8.12)


Un día frío
  | 14 ☆ |

Las 7:30 de la mañana. Pi Pi Pi Pi - Pi Pi Pi Pi. Con los ojos aún cerrados y todo mi cuerpo dormido, estiré el brazo sin apenas fuerzas para apagar el insolente y atrevido sonido del despertador. De una esquina a otra, vuelta tras vuelta por la cama a fin de aprovechar mis últimos minutos en ella. El apacible silencio que reinaba en la casa minutos antes desapareció en cuestión de segundos para convertirse en un sin fin de bostezos, estiramientos, nervios matutinos y lamentos. No sin esfuerzo, me levanté de la cama y dirigí mis primeros pasos del día hacia la ventana de mi habitación. El viento movía con fuerza las ramas de los árboles, entrelazándolas entre sí y dejando caer al suelo las primeras hojas del otoño. La calle estaba desierta, nadie por las aceras; únicamente el rugido de algunos motores en la carretera rompía la monotonía del paisaje. A pesar del calor que el sistema de calefacción facilitaba en la casa, el frío de la calle penetró en todos mis huesos, arrugando cada poro de mi piel y convirtiendo mi caminar en un desfile de temblores y tiritona.
El día prometía ser frío y austero, oscuro y sombrío en todos los sentidos... y como más tarde pude comprobar,


así fue.

De haberlo sabido, no me hubiera levantado en todo el día de la cama.
 Lástima no poder dar marcha atrás.

Escrito por Kira ღ  
(Un 5.8.12)